Mi interés por la tecnología no empezó cuando rompí un termómetro para ver la alucinante y extraña naturaleza del mercurio. Ni cuando rompí la pantalla de la tele de casa accidentalmente mientras curioseaba el pequeño universo de cables y transistores que acababa de descubrir al abrirla. Ni siquiera, tampoco fue (modestia aparte) cuando la rompí y la rompo en cada Winning Eleven ante cuanto adversario se me ponga en frente (bueno y si alguna habilidad tengo para las compus si se la debo a mi temprana afición por los video juegos, pero esa es otra historia).
Mi interés en la tecnología comenzó cuando empezaba a maniobrar mi primera PC 286 e intentaba hacer realidad las cosas que se me ocurrían, las cosas con las que soñaba por aquellos lejanos tiempos de c:/en pantalla negra con letras blancas.
miércoles, 26 de marzo de 2008
lunes, 17 de marzo de 2008
El perro caliente y el perro ausente

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