
El miércoles fui a comprar a un supermercado de por aquí. Encontré unos peluches de animales, eran para ayudar a conservar el medioambiente. Estaban muy bellos pero no tenían precio. Una tortuga, un jaguar, un búfalo y un oso polar representaban a los océanos, las selvas vírgenes, los animales en peligro de extinción y el deshielo de los polos respectivamente. Cogí un oso polar, porque me preocupa el calentamiento global, que los osos polares se queden sin habitat y además porque siempre he pensado que se parecen a mi perro Harpo.
Al momento de pagar la cajera algo sorprendida por el oso polar, me dijo que costaba $7. Pensé que si en algo ayudaba para que los “Harpos” del polo norte no se quedaran sin casa estaba bien. Casi me salen más caros mis impulsos ambientalistas, cuando ya estaba casi fuera de Publix y escucho el desesperado “excuse me Sir” de la cajera pues ya andaba dejando mi leche de soya chocolatada de puro contento por el oso polar de peluche. Es un oso muy bello y aunque es supuestamente un juguete para perros, no se los dejo a Harpo y Dharma, pues lo dejarían hecho añicos en pocos minutos. Casi como estamos dejando en añicos nuestro planeta a cada segundo.